top of page

DE LA 'FINAL GIRL' AL MITO DEL AMOR ROMÁNTICO. la mirada masculina en la ficción.

  • 9 jun 2021
  • 5 min de lectura

Actualizado: 2 mar 2023

Como indica Cléo Onwurah en su texto El cuerpo en el cine dirigido por mujeres, no es casual que la mujer sea excluida del protagonismo en los géneros cinematográficos más respetados y sea protagonista de los ‘low gens’: el melodrama romántico, el cine erótico y el cine de terror. En estos, su personaje suele ser plano y reproduce los estereotipos de género. ​


En el cine de terror, el personaje femenino recibe el papel de víctima mientras suplica clemencia e intenta escapar. Suelen ser personajes dicotómicos: o “putas” (castigadas por su promiscuidad) o “santas” (‘Final Girl’ en el subgénero slasher). La ‘Final Girl’ es el personaje femenino que sobrevive para contar la historia, la que escuchamos gritar y se encuentra con los cuerpos ensangrentados de sus amigos. Sin embargo, en la década de los 90 comenzó a cambiar la representación de este personaje que por lo general reúne los siguientes requisitos: virgen, de pelo oscuro y recatada. Además, como apunta Carol J. Clover en su libro Men, Women, and Chainsaws, la ‘Final Girl’ solía ser un personaje andrógino, de la misma forma que el asesino no seguía una masculinidad del todo normativa.


En 1997, llegaba Buffy, Cazavampiros con la que Joss Whedon subvertiría las normas de este género. Buffy Summers, sería la antítesis a esa chica rubia, tonta y femenina, que vive su sexualidad libremente y que el género de terror había despreciado y castigado a golpe de misoginia hasta entonces. La chica rubia pasaba de ser el personaje que muere primero a la heroína. Una cazadora, última en una estirpe de mujeres que luchan contra seres demoníacos. Un personaje complejo, independiente y con poder, como lo serían sus coetáneas: Xena y las hermanas Halliwell (Embrujadas).


Respecto al slasher, la película de 2005, Cry Wolf, rompe con el relato tradicional del cine de terror ya que se critica desde la propia cinta los clichés de este subgénero, la representación típica que se hace del personaje femenino y el poder de actuación del hombre en los melodramas. No se masculiniza a la mujer, ni se desnuda sin sentido, a pesar de introducir la figura clásica de la femme fatale. Este film invierte el rol de la mujer en el Slasher por el del ‘Final Boy’. La protagonista, en este caso, es un personaje complejo, frio e inteligente que actúa por venganza.


Si el cine de terror presenta el cuerpo de la mujer como escenario de violencia explícita, el melodrama y las comedias románticas han ayudado, históricamente, a perpetuar un discurso que origina otras violencias contra la mujer. Más silenciosas, en este caso porque se romantizan y blanquean, hablo del mito del amor romántico. ​ Hemos crecido consumiendo productos de ficción, películas como La bella y la bestia, Blancanieves o La Sirenita que perpetúan este modelo de amor. Un modelo donde ellas no toman ninguna decisión sobre sus relaciones y ellos son siempre quienes deben dar el primer paso mientras las mujeres hacen todo lo posible por lograr su amor.


​En las comedias románticas se trata a las mujeres solteras como fracasadas, la trama suele partir de la necesidad de estas por encontrar el amor con la finalidad de sentirse completas. Este relato tradicional de historia de amor heterosexual nos convence de que si no encontramos un marido es nuestra culpa por no ser demasiado guapas, delgadas o no habernos esforzado lo suficiente. El amor romántico es una serie de mitos y tópicos que promueven una percepción del amor totalmente irreal, sesgada y dañina que normaliza y justifica actitudes dependientes y machistas que pueden llegar a ser violentas, física y psicológicamente. Las creencias disfuncionales que lo sustentan son: el amor requiere una entrega total, el mito de la media naranja, cambiar todo de nosotras y traicionar nuestros valores para ser amadas, anteponer todas las necesidades de la otra persona sobre las propias, minimizar o normalizar los indicios de maltrato (creyendo que la persona cambiará) porque el amor todo lo puede.


Los guionistas se empeñan en hacernos pasar por romántico conductas que beben de las conductas más misóginas, reforzandolo y legitimando a través de la exaltación de estos mitos esas relaciones de poder desigual que la sociedad acepta, anhela y replica desde la adolescencia. Films como El diario de Noa (2004) o A tres metros sobre el cielo (2010) refuerzan esta idea de amor romántico interiorizada en el imaginario colectivo como aquello a lo que aspirar. Historias donde se muestra la pasividad de la mujer frente al deseo masculino, y donde se normalizan y justifica el control y acoso como muestras de amor. ​ Te doy mis ojos (2003) de Icíar Bollaín o la subtrama de Celeste y Perry en Big little lies (2017), muestran las consecuencias más dramáticas de este discurso que no cesa en nuestra sociedad: abusos, violencia física, manipulación, humillaciones, aislamiento, control, chantajes emocionales, pérdida de identidad y autoestima. El amor romántico es uno de los pilares en los que se fundamenta la violencia de género (psicológica, física, sexual o simbólica) y es el caldo de cultivo de las relaciones dependientes y tóxicas.


​Afortunadamente, comienzan a emerger otros discursos y avanza una generación de creadoras dispuestas a dinamitar los roles de género y cargarse sin contemplaciones los ideales del amor romántico como la trilogía Antes del amanecer (1995), La belle saison (2015) o La Modista (2015). Esta última, dirigida por Jocelyn Moorhouse, rompe con la norma de la edad, donde él siempre es mayor que ella.


Tenemos también la ópera prima de Emerald Fennell, Un joven prometedora (2021), una historia desgarradora, descarada y necesaria. Una película que le da la vuelta al género del rape and revenge a través de la cultura popular, revisionando varios géneros como el de la comedia romántica y el thriller mientras les da la vuelta y subvierte la mirada masculina imperante en el cine. La misma que ayudó a normalizar el machismo y el abuso sexual.

En un mundo que busca la aparente perfección, tenemos a Fleabag (2016), de Phoebe Waller-Bridge, una serie mordaz que habla sobre intentar vivir sin autosabotearse ni hacer daño al resto. Con una protagonista que está llena de contradicciones, abismos y deseos mientras reflexiona y anhela el amor justo en los tiempos del consumo de cuerpos. Girls (2012), de Lena Dunham, es una serie alejada de la representación heteronormativa, donde se rompe con la cosificación del cuerpo femenino. Encontramos cuerpos diversos cuyos desnudos no aparecen para complacer la mirada masculina sino para combatirla. Al igual que ocurre con las escenas sexuales y amorosas, son diversas, en ocasiones desagradables e incómodas, pero también comunicativas y evolutivas.


El amor romántico continúa estando en la base de las creencias sobre las relaciones de pareja en la actualidad. La serie de Dunham no pretende legitimar el relato audiovisual dominante, sino deconstruir el discurso a través de la mirada femenina. Esa mirada que hasta hace relativamente poco ha sido ignorada, silenciando así el relato y las vivencias de la mitad de la población.


Según el informe Observatorio Audiovisual Europeo, las mujeres representan el 22% de todos los directores de largometrajes europeos activos entre 2015 y 2018. Esta brecha es aún más pronunciada en la ficción audiovisual, dónde las mujeres solo representan un 19%.


Nuestro cuerpo debe dejar de ser un campo de batalla con el que divertirse. La cultura tiene una responsabilidad social a la que debe mirar y nosotras nos hemos hartado de este discurso patriarcal. Las voces que comienzan a relatar otras formas de representarnos dejan latente que es necesario, y de justicia, un cambio en el discurso para contribuir en lo posible a una sociedad más justa. Es necesario que se visibilice la diversidad, y se amplie el prisma social a otras realidades más allá de la mujer blanca heterosexual y de clase burguesa que sigue (como hacen ellos), esos arquetipos rancios que no son más que la mirada que ellos tienen y quieren para nosotras.

 
 
 

Comentarios


Ya no es posible comentar esta entrada. Contacta al propietario del sitio para obtener más información.
  • Blanco Icono LinkedIn
  • Blanco Icono de Instagram

© 2023 by The Art of Food. Proudly created with Wix.com

bottom of page